“Cantaremos
tus hazañas , Señor, Señor;
lo que has hecho con tu pueblo, Señor, Señor.
lo que has hecho con tu pueblo, Señor, Señor.
Porque
vimos tu fuerza entre nosotros
cuando fuimos a luchar por lo que es justo;
cuando unidos, contra el miedo y el cansancio,
conseguimos la victoria sobre ellos.”
cuando fuimos a luchar por lo que es justo;
cuando unidos, contra el miedo y el cansancio,
conseguimos la victoria sobre ellos.”
(Fragmento de una adaptación musical del Salmo
9)
Cuando tarareo está canción, me remonto –más bien diría, nos remontamos,
porque el sentir no es individual- a la
noche del 2 de junio del 2005, una noche que marcaría un antes y un después en el
camino que llevo en la Lucha de los Pobres.
Aquella noche fría -hablando
climáticamente- apostados en una huelga de hambre en las afueras del Palacio
Arzobispal de Quito, convencidos de una lucha justa, la comunidad Sta. María del
Inti encendía un fuego rojo e intenso en el fuero interno de cada uno de los
presentes y cantaba, cantaba está canción convencida de lo que estaba haciendo, y el Espíritu de Dios lo avivaba, no me cabe
duda de esto.
Habíamos decidido desafiar a la
jerarquía eclesial de Quito. Sí, nosotros,
la chusma de la periferia, un pueblo de pobres -por ello pueblo de Dios- que gracias a dos curas rebeldes habían
levantado la cabeza y la voz para no permitir que lo pisotearan.
Sí, esta noche marco para mí un
antes y un después, porque los pasos que habíamos dado hasta aquella noche habían
recorrido un largo trecho y después
habrían de avanzar significativamente,
con tropiezos y levantes hacia este presente.
El antes
Un 25 de febrero de 1997, dos curas barbudos
españoles, bautizados como: José Luis Molina y Miguel Ángel Olmedo, aterrizan
en Quito sin ánimo alguno de reproducir la conquista española, sino más bien, de
echar raíces y hacer brotar la libertad del evangelio. Dos seres extraordinarios
tanto en carácter, en formación, en
compromiso y experiencia comunitaria, pero sobretodo en humanidad, pisaban los
Andes con mochila a sus espaldas.
Buscando a quién servir, se toparon
con un suroriente abandonado con ganas de ser preñado de esperanza. Y haciéndolo suyo, nació o renació una
parroquia con el nombre de Sta. María de apellido indígena Inti (Sta. María del
Inti)
Allí construyeron su casa, que poco
a poco fue convirtiéndose en nuestra casa. Y abriendo brecha entre piedra,
espinos y tierra fértil, abonaron y sembraron, con sus propias manos, con sus
propios pies. Yo lo ví, doy testimonio de ello, del cariño con que nos
sembraron, porque cada persona a la que extendieron su mano fue como semilla
que creció, como crece el trigo en el
campo al amparo del labrador.
Con Miguel y José Luis, algunos aprendieron a leer y a escribir textualmente,
pero todos o la mayoría quizá, aprendimos
con ellos, que había que leer las entrelíneas de la vida, la profundidad
que conlleva cada momento, cada persona, cada decisión y así fuimos
reconociendo nuestros lados oscuros y la necesidad de conversión.
La parroquia nos hizo crecer y ella
mismo creció en extensión, en responsabilidades, en compromiso, en exigencias y
en humanidad. La semilla se había
convertido en árbol y en sus ramas, hacían nido los pájaros de la organización (Consejo
Parroquial), del servicio (Escuela Inti, Fondo de Solidaridad), de la
conciencia (Escuela de Laicos, Acción Social) y de la celebración gozosa de la
vida (Liturgia), entre otros.
Nos habíamos puesto en pie, habíamos descubierto el sentido de la fe en un
Dios que nos quería: LIBRES, HONESTOS Y DIGNOS.
Pero la oscuridad no soporta la
luz, y el Inti -como habíamos aprendido a llamar a nuestra parroquia- había empezado a trastornar a la autoridad
eclesiástica y a todo aquel que aferrado a su ceguera religiosa no soportaba la
luz del evangelio. El hacha del poder quería cortar nuestro árbol.
Así llegamos a aquella noche en el
2005, a dar nuestro mejor combate, una comunidad humilde del sur de Quito, endilgada de romper el orden establecido,
acompañada por dos curas rojos, dos curas LIBRES, HONESTOS Y DIGNOS.
“Cantaremos
tus hazañas, Señor, Señor;
lo que has hecho con tu pueblo, Señor, Señor.
lo que has hecho con tu pueblo, Señor, Señor.
Son
muchos los que oprimen a los pobres
y encarcelan al que fue siempre inocente;
no te calles, Señor, ven a nosotros,
esperanza del pueblo que combate.”
y encarcelan al que fue siempre inocente;
no te calles, Señor, ven a nosotros,
esperanza del pueblo que combate.”
El después
Desde el 2 al 12 de junio del 2005,
cinco compañeras nuestras se mantuvieron en huelga de hambre, acompañadas por
una comunidad radicalmente decidida a honrar su historia. El Dios bueno, padre
y madre que conocimos con José Luis y Miguel no nos desamparó en aquellos días
y levantó la huelga de hambre, en una batalla similar a la de David y Goliat.
Este fue el momento culmen en que
el Inti cortaría el cordón umbilical con la iglesia quiteña bautizándose como
Intiruna (Ser humano del Sol, hombre y mujer del Sol). Un bautizo de fuego al cual habíamos sido
convocados desde la sacramentalidad de la vida compartida con nuestros
sacerdotes.
Ellos en cambio amenazados de
suspensión A Divinis, lograron sortear la perversidad del clero guiados por la
solidaridad de Monseñor Luna Tobar y
así, con paso firme volvieron a su casa, a nuestra casa en la Lucha de los
Pobres.
Han pasado ya varios años desde
aquellos acontecimientos y el tiempo que pasa silenciosamente pero que arriba
con sol, lluvias y tormentas, hizo
brotar nuevas hojas en el árbol del Inti y los pájaros que habían nacido en él,
empezaron a fortalecer sus alas aunque
costaba entender que aquello implicaba
autonomía para volar.
Con firmeza y coherencia Miguel y
José Luis nos acompañaron y nos acompañan en este enrumbar del vuelo y aquí estamos
queriendo surcar el cielo a 20 años de celebrar su llegada a la periferia del suroriente.
En medio de tanto camino andado,
ellos ya no son los barbudos españoles, son nuestros pastores, los amigos: el
Peregrino de la Cabeza Nevada y el Hombre Pájaro, quienes nos han abrazado en
los momentos más terribles, con quienes hemos reído a carcajadas sonoras, con
quienes hemos discutido hasta las lágrimas en ocasiones y con quienes hemos
brindado con el vino de la comunión por los milagros que hemos visto y
construido juntos.
“Cantaremos tus
hazañas, Señor, Señor;
lo que has hecho con
tu pueblo, Señor, Señor.
Juzgarás a los
gobiernos con justicia;
tú gobiernas con
justicia verdadera.
Te aclamamos,defensor
de los de abajo,
de los pobres y
oprimidos de la tierra.”
Y sí, cuando tarareo está canción
hago conjunción de una experiencia que hoy 25 de febrero del 2017 me
enorgullezco de contar y celebrar porque Dios ha sido misericordioso con
nosotros y ha pintado de la mano de dos curas rebeldes, nuestros profetas,
pinceladas de Utopia en nuestras vidas.
Gracias Miguel y José Luis por
estos años, gracias por haber elegido nuestra tierra y a pesar de los pesares
seguir apostando por nosotros…
¡HASTA LA VICTORÍA DEL REINO, SIEMPRE!
SALUD!!!
Marcia Toca



No hay comentarios:
Publicar un comentario